26 de enero de 2026

Octubre en la familia católica: entre el Rosario y la santidad

Para las familias católicas, octubre es un mes lleno de significado espiritual. Tradicionalmente, es conocido como el Mes del Rosario y, también, como el Mes de las Misiones, lo que lo convierte en una oportunidad especial para renovar la fe en familia.

Durante este mes, es conveniente que las familias se reúnan para rezar el Rosario cada noche, colocando una imagen de la Virgen María, encendiendo una vela y dejando que cada miembro rece una parte. Este momento fortalece los lazos familiares y alimenta la devoción Mariana, tan arraigada en la tradición católica. 

Además, octubre nos invita a recordar la misión universal de la Iglesia. Se organizan actividades para apoyar a los misioneros, como colectas o cartas a comunidades necesitadas, enseñando a los más pequeños el valor de la solidaridad.

Sin embargo, también es el mes en que se celebra Halloween, una fiesta que muchas familias católicas deciden participar. Aunque se ve como algo cultural o divertido, Halloween tiene raíces en antiguas creencias paganas y, con el tiempo, ha adoptado símbolos que glorifican lo oscuro, lo macabro o incluso lo demoníaco. Es mejor no exponer a nuestros hijos a esos elementos, que pueden ir en contra de la fe que estamos formando. Es contradictorio y crea confusiones.

En lugar de ello, podemos promover celebraciones como Holywins («la santidad vence»), donde los niños se disfrazan de santos o personajes no macabros; organizar juegos, música y momentos de oración. Así, rescatamos el verdadero sentido de estas fechas: la víspera de Todos los Santos (1 de noviembre) y el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), días para celebrar la vida eterna y orar por nuestros seres queridos ya fallecidos.

Octubre, entonces, es mucho más que disfraces y dulces. Es un tiempo para volver a la oración, a la familia y a la fe, celebrando la luz en medio de la oscuridad. Al vivir octubre con fe, las familias católicas enseñan con el ejemplo que la alegría no está en lo pasajero ni en lo superficial, sino en las cosas que iluminan el corazón: la oración, la unidad familiar y la esperanza cristiana a una vida eterna.

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