26 de enero de 2026

Ecología Mística

El Cántico del Hermano Sol

“Altísimo, omnipotente, buen Señor,

tuyas son las alabanzas, la gloria, el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te corresponden,

y ningún hombre es digno de hacer de ti mención”.

Así comienza el Cántico de las Criaturas, también conocido como Cántico del Hermano Sol, compuesto por san Francisco de Asís, en el año 1225, y que este año cumple 800 años. Es el primer poema escrito en lengua italiana (umbro toscano) y una de las expresiones más puras de la espiritualidad cristiana: la alabanza a Dios, a través de la creación.

San Francisco no canta a la naturaleza como objeto, sino como hermana. No la contempla desde afuera, sino como parte viva de una gran familia cósmica. Cada criatura es hermana: el sol, la luna, el fuego, el agua, incluso la muerte corporal. El cántico no separa a Dios del mundo, sino que reconoce que la creación entera es signo, presencia y reflejo del Creador.

“Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,

especialmente el señor hermano sol,

el cual es día y, por él, nos alumbras…

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas…

por el hermano viento…

por la hermana agua…

por el hermano fuego…

por la hermana nuestra madre tierra…”

Francisco, ciego y enfermo, escribe este cántico, no desde la comodidad, sino desde el dolor. Pero, incluso así, su corazón canta. Porque, cuando se ama a Dios, toda la creación canta también.

Hoy, en medio de un mundo herido por la indiferencia ecológica y la desconexión espiritual, este cántico resuena como un llamado urgente: abrir los ojos al misterio de lo sagrado que nos rodea. La creación no es un recurso, sino un sacramento. No es algo que se explota, sino alguien a quien se ama. Por eso, no me gusta llamarle recursos naturales. Nosotros somos parte de la creación (la naturaleza). 

“Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor…

Bienaventurados los que sufrirán en paz…

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal…”

Desde el sol hasta la muerte, todo está habitado por la Presencia Divina. Y, tú ¿puedes ver a Dios en la creación? ¿Puedes, como San Francisco, bendecir a la hermana agua cuando te calma la sed? ¿A la madre tierra cuando te sostiene?

Que este cántico no sea solo poesía antigua, sino oración viva. Que tus pasos, tu mirada, tu respirar —como el de san Francisco— se conviertan también en alabanza.

Nota final: te invito a leer la encíclica del Papa Francisco: “ Laudato Sì” para profundizar la reflexión sobre el cuidado de nuestra casa común.

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