26 de enero de 2026

Criar en la era digital: entre pantallas y abrazos

Cada vez, es más común ver a un niño de tres años usando una tableta, o a un adolescente pasando horas frente al celular, sin levantar la vista. Las pantallas se han instalado en nuestras casas, casi sin darnos cuenta y, con ellas, han llegado nuevas formas de comunicarnos, aprender y también de alejarnos. En medio de este cambio, la familia sigue siendo el lugar donde se aprende lo esencial: cómo convivir, cómo respetar y cómo cuidar al otro.

Criar, en la era digital, es un desafío diario. A veces, los padres se sienten superados por la velocidad con la que avanza la tecnología. No es raro que un hijo sepa manejar mejor una aplicación que sus propios cuidadores. Pero educar no es saber más de tecnología, sino acompañar con presencia, con escucha y con límites claros.

La tecnología no es enemiga de la familia, pero tampoco puede reemplazar el cariño, la conversación o el juego compartido. Un mensaje no sustituye una charla cara a cara. Un video no reemplaza un cuento leído en voz alta. Por eso, es necesario crear momentos sin pantallas: comidas en familia, paseos al aire libre, o simplemente un rato para estar juntos, sin interrupciones.

También, es importante hablar con los hijos sobre lo que ven en internet, sobre lo que les preocupa, sobre cómo se sienten. No se trata de vigilar, sino de estar disponibles. La confianza se construye todos los días, con gestos pequeños y sinceros.

Educar, hoy, implica enseñar a vivir con la tecnología, pero también a desconectarse para reconectar. Porque ninguna red es tan poderosa como la que une a una familia que se mira, se escucha y se abraza, incluso en medio de un mundo cada vez más digital.

Por eso, el reto no es solo aprender a usar la tecnología, sino aprender a convivir con ella, sin que desplace lo verdaderamente importante: la presencia, el afecto y el tiempo compartido. La familia tiene la oportunidad — y la responsabilidad — de ser ese primer espacio donde se enseña, no solo a hacer clic, sino también a mirar a los ojos; no solo a compartir una publicación, sino también a compartir la vida. 

Es, en esos momentos cotidianos, a veces simples, pero llenos de sentido, donde se forma el carácter, se afirman los valores y se construyen los recuerdos, que acompañarán a los hijos durante toda su vida. En ese equilibrio, está la clave para criar con amor en tiempos digitales.

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