26 de enero de 2026

Dosis de gratitud

Sobre el equilibrio imperfecto y el paisaje como compañía…

Estos últimos días, he estado rodeada de verdes que respiran, que atraen la mirada; Ahí, una mamá gansa le daba de comer a sus crías, después de haber nadado toda la mañana. Mientras los veía por la ventana, pensaba en las personas que, en el camino, nos van enseñando lo cotidiano, sin que, en ese momento, notemos su importancia. 

Si un día nos paráramos en la punta de la montaña y pusiéramos en fila a aquellas figuras, seguramente ese camino sería lo suficientemente largo, para llevarnos, desde el inicio, hasta donde estamos ahora.

Caminar sobre la alfombra verde que ofrece un bosque, te hace pensar en esto. Los árboles te orillan a depurar pensamientos egoístas y ególatras, porque, cuando escuchas el silencio y corre por tu cuerpo el oxígeno, entiendes lo significativamente pequeño… e insignificantemente grande que puedes ser. Nadie llega solo a ningún lugar.

Entonces, ¿el peso de lo que somos está en el tamaño o en el impacto? Supongo que el balance puede buscarse, aunque, como en la naturaleza, el único perfecto casi siempre resulta ser aquel que es imperfecto.

Todos los extremos son malos. Y fue justo frente a ese pensamiento que pareció darme la respuesta. No solo se trata de cuidar lo que entra y sale de la boca, sino también de cuidar lo que sale de la pluma, del teclado. Pensar en aferrarse a las palabras, que han sido destruidas por la varita mágica de la política, con una connotación moral dañina. Tener cuidado con lo que decimos, con lo que leemos…

Una oda a la calma, la paz, la compañía y la sabiduría me ha abrazado estos días. Una oda vestida del color de la vida, la muerte, la naturaleza y el destino, del que nadie sabe nada… más que el hecho de que basta con seguir andando y agradeciendo.

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