Este año, el primer jueves de abril, volverá a abrirse una de las horas más hondas del calendario cristiano: la adoración nocturna del Jueves Santo. Cada año, espero esa noche con mucha ilusión y emoción. No es un rito más. Es la oportunidad de velar, junto a Jesús, en el huerto, de estar con Aquel que es el universo entero contenido en una hostia.
El origen bíblico es claro. En el Evangelio de Mateo, leemos: “Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26,38). Y, un poco después: “¿No habéis podido velar una hora conmigo?” (Mt 26,40). La adoración nace de esta súplica. Jesús ora en Getsemaní y nos invita a unirnos a esa oración, que se eleva hacia la Divinidad.
Pero esa oración no queda atrapada en esa fecha específica, hace 2000 años. Al unirse Jesús con la eternidad, su entrega atraviesa los siglos. Cada Jueves Santo, es el mismo misterio actuando en el tiempo. Lo que ocurrió en una noche concreta sucede sacramentalmente en cada altar del mundo. Velar, en 2026, es velar también con quienes lo hicieron hace quinientos años y con quienes lo harán dentro de cien. La eternidad toca la materia y la materia se vuelve umbral.
Teresa de Ávila lo decía, desde su misticismo: “No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho” (Libro de las Fundaciones, 5,2). La adoración nocturna es eso: permanecer en el amor. Cantar, aunque se cante mal. Luchar contra el sueño. Estar a solas en una iglesia llena, compartiendo la angustia y, al mismo tiempo, sintiendo cómo el corazón se ensancha.
También, el otro místico Carmelita del siglo de oro español y uno de mis favoritos, Juan de la Cruz, habló de la noche como lugar de unión transformante: “En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada” (Noche oscura, estrofa 1). En esa noche concreta del Jueves Santo, la oscuridad no es ausencia, sino intimidad. Es un acto de amor silencioso: acompañar a Jesús mientras ora, sabiendo que, quizá, nos dormiremos… y que siempre se nos concede volver a intentar.
La ecología mística descubre aquí su centro, que es la creación (segunda persona de la divinidad) — pan, vino, cuerpo, — convertida en lugar de encuentro. Dios se derrama y nosotros somos invitados a velar una hora con el Todo en la Eternidad.
Referencias:Biblia de Jerusalén. (2009). La Sagrada Biblia. Desclée de Brouwer. (Mt 26,38–40).Teresa de Jesús. (2000). Libro de las Fundaciones. En E. Allison Peers (Ed.), Obras completas. Biblioteca de Autores Cristianos. (Trabajo original publicado en 1582).
Juan de la Cruz. (2002). Noche oscura. En L. Ruiz (Ed.), Obras completas. Biblioteca de Autores Cristianos. (Trabajo original publicado en 1618).
