1 de marzo de 2026

La canasta básica

Hola, Dios, ¿Cómo estás? Te escribo para saludarte y para pedirte un favor. 

Necesito que resurtas mi canasta básica. ¿Recuerdas? Esa que me entregaste hace tiempo y que se me ha ido reduciendo con el paso de los años. 

Por ejemplo, la paciencia y la prudencia se me han terminado por completo y ¿qué decir de la tolerancia? No tengo ya ni un gramo. Me queda poca esperanza y el frasco de la fe se encuentra casi vacío. La imaginación está comenzando a escasear… ¿qué te puedo decir? 

En principio, quiero pedirte que me envíes dos piedras grandes para atarlas a mis pies; necesito pisar tierra firme. Si tienes guardada alguna brújula, para orientarme y seguir el camino correcto, agradecería que me la hagas llegar de inmediato. Regálame imaginación, para crear; un saco enorme de confianza, para poder realizar lo que me proponga y una paleta de colores, para pintar mi panorama cuando este se presente gris. 

También, me vendrían de maravilla los siguientes artículos: 

– Una caja de curitas, para sanar mi corazón. 

– Una escalera, para levantarme cuando me caiga. 

– Un kilo de zanahorias, para ver bien las bendiciones que me envías todos los días. 

– Un reloj grande, que me recuerde que tus tiempos son perfectos. 

– Una pluma, para escribir mis historias de éxito. 

Me sería muy útil, también, un bote de basura, para tirar todo aquello que me hace daño. 

Necesito una campana, que resuene todos los días cerca de mis oídos y que me recuerde que estás velando mis pensamientos. 

Pero, lo más importante, y con esto termino mi lista: envuélveme en tu paz, la que me hace sentir segura y amada. Te pido que me la concedas, para que pueda vivir cada día con la tranquilidad de saber que estás conmigo. 

Es todo. 

¡Gracias, Dios! 

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