Recuerdo que, una vez, que tenía una actividad en la que no podía distraerme, le dije a una de mis hermanas de comunidad que solo estaba si me llamaba la Superiora General, el Papa o mi mamá. Se reían de mí, entendiendo que no admitiría interrupción, a menos que fuera de vida o muerte.
Al leer el Evangelio de San Mateo (12, 46-50), cuando Jesús estaba hablando a la muchedumbre y su madre lo va a buscar, trato de entrar en los sentimientos de ese Hijo que ama a su Madre y está ahí para hablar con Él; qué sentiría, qué emociones le tomarían de sorpresa, uno de sus grandes amores está ahí en su búsqueda.
Él no dice, no puedo, ahorita no, dile que deje el recado; sino que, viendo la premura y urgencia de estar con ese pueblo que lo necesita, pospone sus intereses y necesidades por atender a aquellos que piden de Él una razón para seguir, para sanar, aquellos que le han sido fieles en el caminar, tal vez lo han seguido de un poblado a otro, necesitados como ovejas sin pastor.
Sabe que encontrará el momento para hablar con María, para atenderla, renuncia, en ese instante, para llevar a cabo su misión, primerea la necesidad de esos pequeños que buscan la verdad.
¿Y, tú, eres así como Jesús? ¿Sabes renunciar a tus necesidades e intereses por el Reino de Dios? ¿Cómo haces vida esta Palabra en tu diario vivir?
