27 de febrero de 2026

El valor del perdón

El perdón es una de las elecciones y decisiones más difíciles que debemos tomar a lo largo de nuestra vida; culpar a alguien y someterlo al juicio que le hacemos, por las cosas que nos hizo, nos lleva a vivir en la amargura, la frustración y la tristeza, al descubrir la pobreza interior de aquel en quien alguna vez confiamos.

Recibimos en carne propia el daño que sus actos voluntarios nos han provocado; no pensamos que, quizás, también nuestra actitud y falta de atención fueron las causantes de esa forma de actuar. 

Por ello, no solo debemos juzgar los actos de violencia o descuido que hacen los demás y que nos provocan daño y dolor, sino también debemos cuidar que nuestra propia actitud no sea la que provoca alguna reacción o acción. Debemos reconocer y entender las causas que provocan esta situación y nos dañan. 

Jesús nos dice que el perdón es dejar atrás la violencia, el resentimiento y la venganza, que muchas veces pensamos que, por justicia, tenemos el derecho de ejercer. Sin embargo, al abrir esa puerta, también podemos recibir la misma violencia y venganza, traduciéndose en daño y dolor para otros.

Dios nos da la opción de perdonar, para dar por terminada la cadena de violencia y dolor, y así recuperar nuestra tranquilidad, nuestra paz y la sanación de las heridas que nos ha hecho. 

Al pedir perdón, reconocemos el daño cometido, nos presentamos con la vergüenza del que se equivoca; esperamos la respuesta de la persona a la que hemos dañado y estamos dispuestos a escucharla. 

Al otorgar el perdón detenemos el efecto del daño que nos han provocado, dejamos atrás la ira y malestar que tenemos, sanamos nuestro corazón y nos liberamos de las ataduras que la culpa nos crea; nos permitimos olvidar la venganza  contra el culpable, para abrir el camino de la paz y la reconciliación que nos libera del dolor, sanando el daño provocado.  

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