27 de febrero de 2026

Benedicencia

Querido lector: Hoy, deseo mencionar una virtud que ha llamado mucho mi atención y que desarrolla Conchita Cabrera, inspirada por sus pláticas con nuestro Señor, la benedicencia. Recuerdo que, la primera vez que me encontré con este término, me intrigó mucho. Al indagar al respecto, quedó grabado en mi alma: la importancia de hablar solamente bien de los otros, de mí misma y, sobre todo, para la construcción del Reino de Dios.

Qué daño hacen las murmuraciones, los rumores, las mentiras, las calumnias, hablar mal de los otros y, sobre todo, juzgar sin conocer, criticar sin saber el contexto. Conchita nos invita a callar, nos dice: “Otro eficaz remedio contra la murmuración, el cual es un escalón también para alcanzar el amor divino, es el silencio. Callar siempre, y hablar solo cuando conviene a la Gloria de Dios y al provecho del prójimo, es de santos.” Del silencio, jamás el hombre se arrepiente, el silencio impide la murmuración y detiene la de otros, pero Concha se refiere al silencio sincero, total y completo, no solo de la boca, sino también del corazón.  

¿Cómo lograrlo?

En conversaciones cotidianas: hablar bien de los ausentes, resaltando sus virtudes en lugar de sus defectos. Si alguien comienza una murmuración, cambiar el tema hacia algo positivo.

En redes sociales: publicar mensajes que edifiquen, evitando compartir rumores, críticas destructivas o burlas. La benedicencia digital es hoy un testimonio poderoso.

En la vida personal: aprender a hablar bien de uno mismo, reconociendo dones y agradeciendo a Dios por ellos, sin caer en la vanidad. La benedicencia también es gratitud.

En momentos de conflicto, en lugar de difundir quejas o juicios, elegir palabras que construyan puentes. Por ejemplo, decir: “Seguro tuvo sus razones” en vez de “Siempre actúa mal”.

Ejercicios espirituales para cultivar esta virtud: El examen diario de la palabra: Al final del día, preguntarse: ¿Mis palabras, hoy, edificaron o destruyeron? ¿Callé cuando era mejor callar?

La oración de intercesión: Cada vez que surja la tentación de criticar, transformar esa energía en una oración por la persona.

El compromiso comunitario: Proponerse en familia o comunidad un “reto de benedicencia”: durante una semana, hablar solo bien de los demás y corregirse mutuamente con cariño.

Que el Espíritu Santo nos fortalezca en esta tarea y que la Virgen María nos acompañe en este camino de amor.  Que así sea.

Referencias: Cabrera, C. (2000). Amor Activo. Obras Completas. Tomo 1. México: Editorial La Cruz, S.A. de C.V.

Deja un comentario