Toda experiencia litúrgica está llamada a ser iluminada por la misma Palabra de Dios. Frente a la Semana Santa, el punto de partida, que es el Miércoles de Ceniza, recurrimos a su Palabra en el aquí y ahora, donde el Señor nos ha colocado.
El Miércoles de Ceniza no es un rito aislado y solo tiene sentido en la medida que tocamos nuestra realidad de polvo y ceniza, para convertimos al Evangelio y emprender el camino a la Pascua.
La Palabra nos ilumina para valorar este punto de partida: “Comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella te sacaron; porque eres polvo y al polvo volverás” (Gn 3,19).
La ceniza es tomada de la tierra y del trabajo del hombre (excepto la del Popocatépetl), es signo de comunión con el universo. La ceniza es polvo trabajado, elaborado y consumido en el devenir de la historia; es signo de penitencia, el polvo no; la ceniza es invitación a recordar el punto de partida.
¿Con qué cuerpo resucitaremos? Me preguntó un joven apuesto; mi respuesta fue ¿con qué cuerpo naciste? Me respondió sin vacilar: “pues con este que tengo ahora. Pero, no así, ¿verdad?” Le respondí: “No, claro que no, ese cuerpecillo de 3 kilos se acabó para que siguiera otro y otro y otro, hasta llegar a este”. Pues no te detengas, fue mi última respuesta, resucitarás con este cuerpo, pero no este cuerpo, sino gracias a este cuerpo. Y quedarán aquí las urnas con nuestras cenizas, parte del “último cuerpo” que nos hizo vivir aquí.
Miércoles de Ceniza, nueva oportunidad para pensar en el principio y en el final en este mundo; nuevo momento de gracia, para una nueva conversión. El ayuno se convierte en solidaridad; la oración es ambiente permanente de amistad con Dios y todo lo suyo; la abstinencia será proyecto de vida nueva: intuimos por qué y para qué.
Desde el humilde Miércoles de Ceniza iniciamos el camino a la gloriosa Pascua de Jesús y nuestra. Maravilloso tiempo de Cuaresma porque toda oportunidad de vivir algo nuevo, dejando lo que nos estorba, es siempre quedarnos con lo mejor de nosotros en Jesús y como Iglesia.
La propuesta de conversión para este día de la ceniza es retomar la Palabra de Dios y hacerla constante punto de referencia para vivir, alegrar, servir, amar.
“Conviértete y cree en el Evangelio”. Amén.
