Mi Dios Trinidad, estoy a punto de dejar este mundo maravilloso y desafiante y de entrar en tu casa, en tu eternidad, GRACIAS, GRACIAS. No puedo sino agradecerte el don de la existencia el don de haberme permitido vivir cada día la fascinante y riesgosa aventura de ser hombre, he llegado al final recíbeme, quiero escuchar de tus labios y tu corazón la palabra que tanto he deseado la palabra para la que he ido preparando mis oídos espirituales: entra en el gozo de tu Señor.
Te doy gracias, mi Dios por mi vida tal y como fue, en cada paso descubro tu amor, tu presencia, tu Gracia, gracias por haberme permitido perseverar hasta la muerte en mi hermosa y sabrosa vocación de Misionero del Espíritu Santo – sacerdote. Gracias por tu perdón, creo firmemente que has perdonado todos mis pecados, que jamás te asombró mi debilidad y pequeñez al contrario sé que mi miseria ejercía una irresistible atracción sobre tu misericordia, que bueno fuiste conmigo, cuánto amor, cuánta paciencia, cuánta ternura.
Gracias Padre bueno por haberme dicho una y otra vez esa palabra que inundaba mi ser de alegría y esperanza: tú eres mi hijo amado en ti me complazco; yo a mi vez te digo: tú eres mi Abbá, mi querido papá, en ti me complazco.
Gracias Jesús, mi amigo y mi hermano, mi esposo y mi hijo, mi Dios y mi yo, qué bien nos la pasamos cuánto nos quisimos, cuánto gozamos nuestro amor. Seguirte fue mi vida, mi consigna dejar que tú vivieras en mí, fuiste mi pasión, mi ilusión, mi tesoro, mi alegría.
Espíritu Santo alma de mi alma, mi Dios poderoso y tierno, mi guía y mi amor gracias porque en cada momento de mi vida me acompañaste, me iluminaste, me fortaleciste, me consolaste. Gracias porque me tomaste como instrumento tuyo para engendrar a Jesús en tantos corazones. Gracias porque me fuiste transformando en Jesucristo y me impulsaste a complacer al Padre en todo.
Gracias, mi Dios Trinidad, porque la certeza de que me esperas con los brazos abiertos me llena de paz y consuelo en estos momentos decisivos de mi vida. Gracias porque la certeza de que tengo reservado un lugar en tu casa acrecienta mi esperanza y mi deseo de estar contigo. Toda mi vida te he buscado y te he ido encontrando, aunque de manera parcial y fugaz ahora tras mi muerte será nuestro encuentro definitivo y podré tenerte totalmente y para siempre, cuánto vamos a gozar.
Te agradezco mi Dios que me hayas dado a María, te agradezco por mis papás y mi familia, por mis amigos y mi congregación, por tu Fernando.
⁃ El padre Fernando Torre, escribió esto primera vez en enero del 2005, la renovó en marzo de 2017 y la actualizó el 20 de diciembre del 2025.
