Todos, en algún momento, tendremos que atravesar conflictos, problemas y enfrentamientos. Algunos de ellos no serán de gran repercusión en nuestras vidas; sin embargo, hay otros donde, para salir de ellos, necesitamos recurrir a la esperanza de un milagro. Algo así le sucedió a la Alemania de la posguerra.
Ciudades hechas polvo, millones de muertes, industria detenida, división entre Oriente y Occidente, es lo que tuvo que atravesar este país, luego del derrocamiento del Führer. Una serie de factores económicos, políticos, sociales, culturales y externos fueron clave para su paulatino levantamiento, pero, sin duda, fue un partido de fútbol lo que fungió como el máximo símbolo de orgullo y reestructuración de su patria.
Corría el año de 1954, la quinta edición del Mundial se celebraba en Suiza. En el Wankdorfstadion, de Berna, se llevó a cabo la final entre Alemania Federal y Hungría, selección considerada como la mejor de aquella época. Previamente, en fases de grupos, los húngaros habían goleado a «die mannschaft» por 8-3, un hecho sin precedentes para su historia dentro de los Mundiales.
Ante el mal augurio por el resultado previo, la selección estaba decidida a hacer historia. El partido empezó con infortunio para ellos. Puskás anotó al 6′ y Czibor al 8′. De inmediato, la maquinaria alemana dio pruebas de su calidad y empató el resultado gracias a Morlock y Rahn, al 10′ y al 18′, respectivamente.
Ante lo cerrado del encuentro, llegó Rahn y anotó al 84′; 3-2 final. Remontada agónica. El primer título mundial del país teutón se consumó. A este episodio se le conoce como «El Milagro de Berna», pues sirvió de motivante psicológico para la sociedad alemana, ante su objetivo de reestructuración nacional.
Ante la adversidad, por muy sofocante que pudiera llegar a ser, nunca pierdas la esperanza de que un milagro pueda ocurrir.
Cervera, F. (2024, 11 de julio). El milagro de Berna: la victoria deportiva que dio esperanza a un país devastado. National Geographic. Recuperado de https://n9.cl/nfxib4
