En alguna ocasión, a un ciudadano mexicano, llamémosle Galor, quien era indiferente a Dios (le daba exactamente lo mismo si Dios existía o no existía; él estimaba que nada debía ni nada agradecía a Dios, si es que existía), alguien que conocía el quehacer de Galor le comentó: “Usted es un gran altruista”. Ante lo cual y para evitar confusión alguna, Galor le replicó, “¿por qué afirma que soy altruista?” Y el interlocutor le indicó, “porque usted siempre procura ayudar a las personas que lo necesitan y lo hace de manera desinteresada”.
Galor reflexionó por un momento y respondió, “no… soy egoísta”, ante lo cual el interlocutor se sorprendió. “¡¿pero ¡¿cómo…?! Y Galor concretizó: “Porque eso que dice usted que hago en beneficio de otros, ¡me hace sentir bien a mí!”.
¡Oh, sorpresa! Con esto, tenemos al altruismo definido en términos de “egoísmo positivo” (no como “egoísmo negativo”, que es precisamente el sinónimo de “yo, yo, yo”).
Ser católico implica: (1) profesar la fe cristiana y (2) llevar a cabo el quehacer cristiano. Esto último involucra “amar al prójimo como a uno mismo”. ¿Y qué quiere decir esto? Procurar de manera unilateral, constante y permanente el bien del prójimo como tú te lo procuras a ti mismo.
¿Y quién nos pone el ejemplo del modelo vivencial a seguir? Jesucristo: “Ámense unos a otros, como Yo los he amado” (Jn 15,12) el nuevo mandamiento de Jesucristo.
En un extremo polar, ¿qué resulta más relevante (1) o (2)? Jesucristo nos indica: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21), siendo tal voluntad el nuevo mandamiento. Así que el quehacer resulta más relevante que el creer.
Lo anterior no es trivial, existen millones de personas que no son cristianas, mucho menos católicas. Y, si únicamente los bautizados pueden ser salvados (llegar a cohabitar en la Casa del Padre), ¡el infierno tendría mucho más residentes de los que tiene! Podemos apreciar entonces que Mt 7,21 es “la tablita de salvación” de la Salvación.
El “ciudadano Galor” es sinónimo de “feligrés del altruismo”, interés concretizado en procurar el bien ajeno aun a costa del propio.
