¿Has leído en el Evangelio de Juan la historia de Nicodemo? Lee los tres momentos en que aparece en la narración (Jn 3,1-21; 7-50-52; 19,39). Me conmueve la figura de Nicodemo. Ese buscador que, en la noche, sale a encontrarse con Jesús, porque se da cuenta de que algo en su vida ya no puede seguir igual. Tiene más preguntas que respuestas, pero se atreve a buscarlas donde hay vida. Y, en ese diálogo nocturno, Jesús le lanza una invitación desconcertante: “Tienes que nacer de nuevo”.
Nicodemo creía que ya era demasiado tarde para cambiar, pero termina creyendo lo imposible. Y su historia no vuelve a ser la misma. A partir de ese encuentro, emprende un proceso: pasa de la búsqueda y la duda a la defensa valiente de Jesús, hasta llegar al gesto sobreabundante de amor junto a la cruz.
Su camino es el de todo discípulo misionero. También nosotros, en medio de nuestras noches personales y colectivas, escuchamos esa voz que nos invita a comenzar de nuevo. Nacer del Espíritu es soltar lo que nos ata, abrirnos a lo inesperado, dejarnos guiar por un viento que “sopla donde quiere”.
Tal vez, el discipulado consista justamente en eso: en no tenerlo todo claro, pero seguir caminando hacia la luz. En aprender, como Nicodemo, que la fe verdadera se juega en el asombro y en la libertad de quien se deja sorprender por Dios.
A continuación comparto un pequeño video para que puedan escucharlo y reflexionar sobre Jesús y Nicodemo (Juan 3:1-21)
