26 de enero de 2026

La paz empieza en casa

Diciembre es tiempo de luces, villancicos y reuniones, pero también puede ser época de tensiones, prisas y cansancio. Entre los preparativos y las expectativas, a veces, olvidamos lo esencial: la paz no se encuentra en lo que hacemos, sino en cómo lo vivimos. Y esa paz, la verdadera, empieza en casa.

La Sagrada Familia nos enseñó que la armonía no depende de las circunstancias externas, sino de la disposición interior. José, María y Jesús vivieron con sencillez, enfrentando desafíos, pero siempre desde el amor, la confianza y la fe. No tenían lujos ni comodidades, pero en su hogar habitaba la presencia de Dios y eso bastaba para llenar de serenidad cada día. Su ejemplo nos recuerda que la paz no llega de fuera: se cultiva con disposición, actitud, en el servicio y en los pequeños actos de amor cotidiano.

Vivir la paz en familia no significa que no haya conflictos, sino aprender a manejarlos con respeto, escucha y perdón. Es elegir las palabras con ternura, dedicar tiempo genuino a los demás y poner la atención en lo que une, no en lo que separa. Pequeños gestos cotidianos — una conversación sin distracciones, un abrazo sincero, un momento especial juntos — pueden transformar el ambiente del hogar y hacer visible la presencia de Dios entre nosotros. Cuando decidimos ser instrumentos de paz, sembramos esperanza en quienes amamos.

En estas fiestas, más que buscar una Navidad perfecta, busquemos una Navidad en paz. Hagamos de nuestro hogar un espacio donde reine la gratitud, la comprensión y el amor. Que cada palabra y cada acto sean reflejo del mismo espíritu que llenó la casa de Nazaret: sencillo, luminoso y profundamente humano.

Porque, cuando hay paz en casa, hay paz en el corazón. Y, cuando hay paz en el corazón, el mundo entero empieza a brillar con una luz distinta, esa que nace del amor verdadero y que ninguna oscuridad puede apagar.

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