26 de enero de 2026

La Esperanza Inagotable en el Espíritu Santo

Día a día en los encabezados de noticias de cualquier plataforma o red social abundan las malas noticias que poco a poco van sobrepasando los límites de la sorpresa, la indignación y la tristeza  haciendo que la esperanza parezca un bien lejano.

Desgraciadamente estos escenarios van desde el lugar más cercano hasta lugares en el otro extremo del planeta. Conflictos que han llegado a convertirse en crisis humanitarias. Ni qué decir de nuestra patria carcomida de inseguridad, corrupción e impunidad, pareciera que no hay forma de hallar la punta de la madeja y deshacer el nudo. 

La lucha por mantener la esperanza es difícil, apenas se siente cierto aliento, sucede algo que la derrumba y sobre viene el desánimo. Esto es porque la batalla la damos con nuestras fuerzas y con ellas, no podremos ganar. 

El Papa León XIV decía hace poco en el Jubileo de la Consolación, que el clamor de los pueblos que sufren es un “grito inmenso” que nos compromete a todos a rezar y actuar para que se puedan recuperar, y que donde el dolor es profundo aún más fuerte debe ser la esperanza que nace de la comunión, dijo citando la Escritura: Y esta esperanza no defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que se nos ha dado Rom. 5:5. 

Es decir que el Espíritu Santo es una fuente de amor inagotable, que derrama esperanza. Jesús decía a la Beata Concepción Cabrera de Armida: Que se dé culto, hija mía a este Santo Espíritu … que se inculque en las almas su devoción, que se le invoque, que se le llame y cambiara el mundo material espiritualizándose. 

Es nuestra misión impregnar de la esperanza que no defrauda nuestro mundo, aún a pesar de los problemas estamos llamados a ser testigos del Dios de la vida y así espiritualizar el mundo con Su Espíritu Santo.

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