Orar, en sábado, mi Señor Jesús, es abrirnos a la posibilidad de preparar el gran día de la resurrección. Es juntarnos con María, nuestra madre santísima, para ir saboreando, con ella y como ella, las dulzuras de una vida completamente dedicada a tu servicio.
Es empezar a poner el oído atento, para escuchar tus pasos resucitados y resucitadores, trayendo para nosotros raudales de vida nueva. Parece, Jesús, que quieres darnos transfusiones de vida recién estrenada viniendo de la eternidad.
Es acurrucarse cerca de María y dejarse consentir por ella, como seguramente lo hacías tú. Y, por eso, participar de tus sentimientos de amor, humildad, servicio, gozo pleno y disponibilidad para dar abundantes frutos.
Es querer prolongar la atención amorosa a María para, con ella, estar sencillamente dispuestos a tus sorpresas e imprevistos, a tus ocurrencias evangelizadoras y a tus exigencias, para dejar todo por el Reino.
Señor Jesús, escuchar tu Palabra nos permite contar con una oportunidad más para dar frutos, que nunca es tarde; también, reflexionar en que la vida puede írsenos de las manos, sin haber hecho nada significativo para el bien de nuestra sociedad y de nuestra querida Iglesia.
Se ilumina la mente, se calienta el corazón, se aclaran las ideas, para caminar por la vida con la disponibilidad a flor de piel, en cuanto a dar frutos se refiere. No podemos enfrentar al resucitado, sin haber hecho el camino de la generosidad, el servicio, la vida hecha oración y la oración convertida en vida.
Dejémonos envolver por el amor de la Santa Virgen María, nuestra buena madre, para que ella nos enseñe a orar, a vivir, a amar, a ser fieles al Evangelio y, por lo mismo, ser solidarios y fraternos con los más necesitados.
María, Madre de Jesús y Madre nuestra “ven con nosotros al caminar”, “enséñanos a decir amén”, cuando nos toque la enfermedad y quiera superarnos la tentación, “escucha el grito y el anhelo de liberación”. “María, eres la estrella de la evangelización y, por esto, te pedimos que guíes nuestros pasos para poder alcanzar la paz, justicia y verdad y, así, poder proclamar que solo Jesús es el Señor”.
