26 de enero de 2026

La religión en libertad

Y una vez que hemos apreciado el don de la libertad, debemos entonces aplicarla en nuestra vida, empezando por uno de los aspectos más importantes de ella, como lo es la religión. Si de verdad creemos que el cristianismo es la religión del amor, y que el amor solo puede darse cuando hay verdadera libertad, entonces, también debemos creer que el cristianismo debe abogar por la libertad de las personas. 

Pero esto no debe quedarse como un llamado únicamente para las jerarquías de la Iglesia institucional, ni únicamente de aquellos que dieron su sí al ministerio del sacerdocio; nosotros, como laicos, cristianos de a pie, también tenemos ese llamado de Dios para restituir la libertad a las personas en nuestra vida cotidiana, por medio de la compasión, la misericordia y el reconocimiento de lo bueno, bello y verdadero que hay en cada uno. 

Y, exactamente… ¿libertad de qué? Desafortunadamente, esa respuesta tampoco es fácil, pero podemos empezar viendo a nuestro alrededor. Todas las estructuras de pecado que oprimen a los demás, todos nuestros actos que quitan lo que es justo para otros recibir, como el salario o el tiempo para el disfrute del descanso, de las familias o de la práctica religiosa. 

Hay también estructuras de pecado en la vejación directa a la reputación y bienestar de las personas cuando las molestamos, las humillamos y las utilizamos para nuestra diversión, para nuestros placeres, y las desechamos como un medio para alcanzar nuestros propios fines. 

Revisar cuales de nuestros actos contribuyen a estas estructuras opresoras y cambiar poco a poco nuestro actuar hacia un proceder más cristiano, más enfocado en el modo de Jesucristo, ayuda a que cuidemos y procuremos la libertad de todos nuestros hermanos y hermanas, y contribuye y nos hace partícipes en la misión de Jesús de “proclamar la libertad a los cautivos, y darle libertad a los oprimidos”. 

¡Ánimo firme! ¡Qué viva la Cruz (libertadora)!

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