26 de enero de 2026

El ejemplo de San José

El silencio de San José que podemos leer en las Escrituras no pronuncia palabra, él actúa con decisión y fe, como indica San Juan Pablo II en su exhortación Redemptoris Custos del 15 de agosto de 1989. Este silencio de San José es, de hecho, un camino de acción y entrega que nos ofrece valiosas lecciones sobre cómo vivir nuestra fe y responder al llamado de Dios. 

El corazón de San José estaba siempre dispuesto a escuchar la voz de Dios, su camino de fe se caracteriza por un silencio que refleja un profundo discernimiento y preparación, lo que le permitió actuar con rapidez en momentos de crisis, como cuando huyó a Egipto para proteger a su familia. Este silencio de preparación muestra una actitud activa de vigilancia y de autoconciencia. Nos invita a preguntarnos constantemente: “¿Qué está sucediendo dentro de mí?”; lo que es una práctica necesaria para mantenernos conectados con nuestro Señor. 

La capacidad de José para escuchar y discernir la voluntad divina también es fundamental. Su reacción ante la noticia del embarazo de María demuestra su angustia, pero también su deseo de actuar conforme a la voluntad divina. Este proceso de discernimiento es un desafío que todos enfrentamos, y nos recuerda la importancia de buscar guía en nuestras decisiones, tal como lo hizo él al recibir la visita del ángel. 

Además, el silencio de José se configura en un ofrecimiento de sí mismo a Dios. Su obediencia radical al aceptar a María y al niño Jesús, así como su paciencia en Egipto, reflejan una confianza profunda en Dios. Esta actitud de entrega y confianza es fundamental en nuestra vida diaria; debemos aprender a esperar y a confiar en el plan divino, incluso cuando la incertidumbre nos envuelve. 

Por último, el silencio contemplativo de San José nos enseña a apreciar la belleza del momento presente. Al observar a Jesús y a María, José saborea la vida cotidiana con un corazón agradecido. Este enfoque nos invita a encontrar la gloria de Dios en las pequeñas cosas, a disfrutar cada momento y a reconocer los dones que a menudo olvidamos apreciar y agradecer. 

En suma, el ejemplo de San José nos guía en la práctica del silencio, no como una ausencia, sino como un espacio lleno de acción, escucha, entrega y contemplación. Aprender a vivir en este silencio activo nos ayudará a fortalecer nuestra relación con Dios y a dar testimonio de su amor en el mundo. Así, imitando el ejemplo de San José, podemos vivir una vida de fe que resuene en nuestras acciones y en nuestro corazón y que nos acerque más a Dios. 

Deja un comentario