La presencia de la Virgen María se hace presente en cada momento. En la evangelización, nos hace ver que ella busca ratificar a aquellos que asumen el compromiso de salir de sus casas, buscando una nueva aventura, encontrando nuevas tierras, haciendo de ellas su casa.
Partiendo de ello, al divulgar la palabra de Dios, vemos cómo, en muchos momentos de la historia de la evangelización, María anima a aquellos que Dios ha inspirado y les da la valentía y la seguridad necesaria, a través de su cercanía y protección.
Los arriesgados exploradores de la Europa renacentista, que deseaban encontrar nuevas rutas y tierras donde llevar su cultura y obtener novedades para enriquecerse, fueron los que, al llegar a esas tierras, comenzaron a divulgar la palabra de Dios.
Identificamos, en esos hombres, que dieron la vida por esa nueva aventura que estaban por emprender, su valentía, al enfrentar situaciones desconocidas, donde ellos mismos trasformarían, fundarían, crearían y culturalizarían a esas nuevas poblaciones con su propia cultura, al agregar los signos y novedades de las gracias que Dios les daba, para encontrar las formas de acercarse a ellos, al enfrentarse con ideas y formas de vida tan contrastantes con las propias.
¿Cómo hacer para acercarse a ellos, entenderlos y comprender su lenguaje y su forma de vida? ¿Cómo hacerles ver que Dios siempre ha estado con ellos y, hoy, se les manifiesta en una forma propia y autentica?
La Virgen, desde antes de su ascensión al cielo, hasta estos días, ha guiado a los audaces misioneros en su travesía por el mundo, llenándolos de su bendición e intercesión, para que se acerquen al hombre que desconoce la palabra de Dios, con el amor que atrae y que convence; en ellos, la palabra de Dios tiene tierra fértil y sensible, dispuesta a recibir la gracia, don y bien de Dios, pero, también, la cercanía amorosa del consuelo de María, su madre.
