12 de marzo de 2026

Intimar con Dios

Amigos lectores, el mes pasado reflexionamos sobre la diferencia que hay entre la «mentalidad de desempeño», que es una forma de pensar centrada en los resultados, el rendimiento y la productividad, versus, vivir como «hijos amados de Dios», que no necesitamos «hacer cosas», para merecer el amor de nuestro Padre.

La «mentalidad de identidad» se enfoca en quién eres, en lugar de lo que haces. Jesús murió en la Cruz, por lo que merecemos, murió para lavar nuestros pecados y, así, concedernos la herencia de «Identidad de ser hijos amados». Para que tengamos acceso al Padre, no tenemos que hacer nada. 

Nos podemos preguntar, ¿cómo acceder a la herencia de Dios? ¿Cómo apropiárnosla? El proceso es la transformación del corazón, a partir de «el encuentro personal, vivo y palpitante, con Él».

Jesús quiere irrumpir en nuestra vida, de una manera respetuosa. Y dice la Palabra: «Estoy a la puerta y llamo y, si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos los dos» Ap.3,20. 

Jesús quiere una relación íntima con nosotros. Intimar con Dios es llevar una vida de oración, de lectura de su Palabra, de silencio, de vivir la Eucaristía, de adoración, de confianza, etc.

Un hijo amado de Dios suele reflejar cualidades que demuestran «su conexión con el Padre y su deseo de vivir pegado a Él». Algunas de estas cualidades son: Tratar a los demás con bondad, paciencia, amor y compasión. Creer en Dios en todo momento, especialmente en los momentos difíciles, sabiendo que Él tiene un plan. Actuar con humildad, sencillez y gratitud. Seguir los valores y enseñanzas de Dios, procurando hacer lo correcto, aun cuando no sea lo deseado. Ayudar sin esperar nada a cambio, guiado por el amor y generosidad. Vivir con paz y alegría en su corazón, reflejando la presencia de Dios en su vida. Y no dejarse vencer por la adversidad, sino que seguir confiando y creciendo espiritualmente.

Podemos concluir que, cuando sentimos el amor del Padre, vivimos en paz y seguridad; que nuestra identidad en Dios transforma nuestra forma de vivir y amar a los demás y que, hoy, Jesús toca a la puerta de nuestra intimidad, para que experimentemos su amor en lo profundo y actuemos como hijos amados de Dios.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a creer y a vivir esta gran verdad. Amén.

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