26 de enero de 2026

Jubileo de Esperanza

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para promulgar el Año de Gracia del Señor”, dice el Profeta Isaías, en un texto que, posteriormente, leería Jesús, en una sinagoga de Nazaret. Y justo este año es uno de esos en los que podemos vivir y rememorar, más conscientemente, el “Año de Gracia” del Señor. 

Desde el 24 de diciembre de 2024 y hasta el 6 de enero de 2026, el Papa Francisco nos convocó a todos, como Iglesia, para vivir un año jubilar, un año de alegría y de júbilo. Este tipo de eventos se viven en la Iglesia, cada 25 años, y son una forma pedagógica de recordarnos, a los creyentes en Cristo, de este pasaje, que Él leyó alguna vez y que hacía referencia a Él mismo. Entonces, ¿qué es un Jubileo? ¿Cómo vivirlo? 

En palabras sencillas, un Jubileo es un año completo, en el que la Iglesia celebra con alegría la presencia y santidad de Dios y nos recuerda que Él sigue actuando en medio de nosotros. Es un periodo característico, por la apertura de la Puerta Santa de las iglesias (que se abre únicamente durante este año y que, al cruzarla, se gana una indulgencia plenaria) y el énfasis en ciertas características propias del cristianismo. Este año, el Papa Francisco ha querido enfocarse en la esperanza. 

¿Qué hacer de especial en este año, entonces? Básicamente, el Papa nos invita a ser misioneros de la esperanza, nos invita, como desde el inicio de su pontificado, a salir a las periferias, afuera de los templos, y predicar con la palabra y con el ejemplo que Cristo viene, pero no con un tono apocalíptico de quien quiere el fin del mundo, sino con un tono escatológico pero cotidiano, que invita a la construcción del Reino de Dios en nuestras propias vidas. 

Estamos llamados, pues, a seguir el ejemplo de Jesucristo, y de anunciar con alegría la liberación de los cautivos por las miserias humanas (siendo a veces nosotros mismos cautivos de estas), de anunciar la libertad a los oprimidos por sistemas degradantes de la dignidad (pero también oprimidos por los pecados propios y ajenos), a anunciar la Buena Noticia de que Dios está con nosotros. Seamos, pues, peregrinos de esperanza, aunque sea por este año, en este mundo que tanto la necesita. 

¡Ánimo firme! ¡Qué viva la Cruz (Jubilar)!

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