26 de enero de 2026

Anunciando la vida

El Domingo de Resurrección, el Evangelio nos hace revivir el encuentro de las mujeres con Jesús resucitado, en la mañana de Pascua. Ellas fueron las primeras en verlo y encontrarlo. Podríamos preguntarnos: ¿por qué ellas? Por una razón muy sencilla, porque fueron las primeras en ir al sepulcro. Como todos los discípulos, también ellas sufrían por el modo en que parecía haber terminado la historia de Jesús; pero, a diferencia de los demás, no se quedaron en casa paralizadas por la tristeza y el miedo.  

Por la mañana temprano, fueron a honrar el cuerpo de Jesús, llevando ungüentos aromáticos. El sepulcro había sido sellado y se preguntaban quién podría quitar esa piedra (cf. Mc 16,1-3), tan pesada. Las mujeres llegan, ven el sepulcro vacío y, «con miedo y gran gozo», corren a dar el anuncio a sus discípulos» (Mt 28,8). Toda la ciudad había visto a Jesús en la cruz, no obstante, ellas se dirigen a la ciudad a anunciarlo vivo y Jesús sale a su encuentro.  

Su voluntad de realizar aquel gesto de amor prevalece por encima de todo. No se desaniman, salen de sus miedos y de sus angustias. Este es el camino para encontrar al Resucitado: salir de nuestros temores, salir de nuestras angustias. 

A veces, pensamos que la manera de estar cerca de Dios es tenerlo estrechamente junto a nosotros, no exponemos ni hablar de Él para evitar los juicios y las críticas. En cambio, el Señor viene cuando lo anunciamos. Anuncia al Señor y lo encontrarás; busca al Señor y lo encontrarás. Siempre en camino, esto es lo que nos enseñan las mujeres: a Jesús, se le encuentra dando testimonio de Él, pongamos esto en el corazón, expresó el Papa. 

Cuando recibimos una noticia maravillosa, como el nacimiento de un hijo, una de las primeras cosas que hacemos es compartirlo con familiares y amigos con gran emoción. Si esto ocurre con una buena noticia, de todos los días, infinitamente más con Jesús, «la resurrección y la vida» (Jn 11,25). Cada vez que lo anunciamos, viene a nuestro encuentro con respeto y amor, como el don más hermoso para compartir, habitando siempre en nosotros. 

Francisco nos dice que, cuando se encuentra a Jesús, ningún obstáculo puede impedirnos anunciarlo. Si nos guardamos solo para nosotros su alegría, tal vez sea porque todavía no lo hemos encontrado de verdad. 

El Papa nos invita a preguntarnos ¿Cuándo fue la última vez que di testimonio de Jesús? ¿Qué hago hoy para que las personas con las que me encuentro reciban la alegría de su anuncio? Pidamos a la Virgen que nos ayude a ser alegres anunciadores del Evangelio. 

https://www.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2023/documents/20230410-regina-caeli.html

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