13 de marzo de 2026

Editorial: Febrero

Febrero, un mes que se asocia y define como del Amor y la Amistad. Pero este año esa definición me evoca particularmente las palabras de Jesús “Nadie tiene mayor Amor que aquel que da la vida por sus Amigos” (Jn 15, 13). Y él nos invita a ser sus amigos, correspondiendo a Su Amor entregado en la Cruz. 

Mientras algunos aprovecharán el 14 de febrero para regalar chocolates, flores, invitaciones a cenar o comer como expresión de amor, Dios nos invita a recibir ceniza y cruzar así el umbral que nos introducirá en la Cuaresma. San Valentín en 2024 vendrá con ceniza, disponiéndonos a la fiesta del Amor de Dios celebrada en el Triduo Pascual. El regalo de Amor es Jesús, Hijo de Dios, entregado en la Cruz. Tanto así nos amó Dios (cfr. Jn 3,16) 

“En esa Cruz, está el Corazón más amante y más doloroso. Yo no me presento sobre   la   Cruz, pero   dejo   ahí   todo   mi   amor, todo   mi   dolor,  ambos,   infinitos,  representados   en   mi   Corazón,   fuente   de   todo   bien,   de   toda   luz,   gracia,  misericordia” revelaba Jesús en diálogo místico con la beata Concepción Cabrera. Meditando sobre esto Tere Rojas reconoce que este es un “El símbolo del Amor perfecto”. 

“El camino del amor no es la ilusión   de   encontrar a la   persona   ideal” (…) “sino es la entrega personal que nos lleva a encontrar nuestra propia plenitud, que nos hace presente la realidad divina, que se expresa en nuestra persona al donarse al otro que nos necesita”, en palabras del D.P. José Ignacio Abarca. 

En el vestíbulo de la Cuaresma es probable que el 14 muchos prefieran celebrar a San Valentín (incluso pasando por alto su martirio padecido por fidelidad a Cristo) y, si bien es importante ponderar el Amor en nuestras vidas, ciertamente ninguno celebrará mejor el Amor que quienes se adentren con Jesús en la Cuaresma. Nada ni nadie podrá darnos Amor más grande y sublime.  

La Cuaresma pide desprendimiento, liberación de toda atadura. Como nos sugiere Sonia Villaseñor: “pidamos al Espíritu Santo su luz para vivir la pobreza. Señor, más que cualquier otra cosa, te queremos a Ti, queremos Tu presencia, Tu amistad, Tu compañía”   

La Cuaresma no es tristeza ni sufrimiento. Gabriela Marcial Santos nos presenta al santo de la sonrisa, San Gabriel de la Dolorosa. Consagrado se dedicó a los pobres, murió con apenas 24 años a causa de una tuberculosis. Sin embargo, este joven consagrado a la Dolorosa proclamaba: “De verdad, mi vida está llena de alegría”. 

En esta Cuaresma celebremos el Amor y la Amistad gracias a la experiencia del amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios. (Ef 3,19). 

El Espíritu nos conceda una Cuaresma llena de Amor vivido en Cristo. 

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